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Un grave episodio de violencia de género registrado en Añelo —la localidad ubicada en el epicentro de la formación Vaca Muerta— volvió a encender las alarmas y la indignación social. La situación derivó durante la semana en un paro de actividades por parte de trabajadores afiliados a ATE y en un creciente malestar entre los vecinos, que anuncian manifestaciones ante la falta de seguridad en un pueblo que no logra acompañar con estructura ni recursos el crecimiento explosivo de la región.

La víctima, una mujer que desde hace tiempo sufre agresiones por parte de su expareja, tiene 28 denuncias previas por violencia de género. Según relató una compañera de trabajo, la causa está judicializada y al agresor se le impuso prisión domiciliaria con tobillera electrónica. Sin embargo, la protección volvió a fallar.

El pasado miércoles 12 de noviembre, la mujer fue golpeada por su exsuegro. Cuando intentaron radicar la denuncia en la comisaría local, los policías se negaron a tomarla y solo aceptaron una exposición.

Lejos de cesar, el hostigamiento continuó. El viernes 21, mientras la víctima cumplía funciones en la Escuela Primaria 100, sonó el dispositivo que advierte la violación de la medida cautelar. “El aparato sonó toda la tarde”, relató su compañera. Al salir a verificar lo que ocurría, vieron a un hombre sentado en un banco de la plaza, frente a la escuela.

Acompañada por una delegada de ATE, la mujer se dirigió nuevamente a la comisaría para formalizar la denuncia, pero —según contaron— no había personal disponible para tomarla. La situación fue tan crítica que la escuela tuvo que cerrar sus puertas con los estudiantes adentro por la falta de efectivos policiales.

Recién después de las 20, la víctima pudo presentar la denuncia en el juzgado local.

El caso expone una problemática estructural: en el corazón de Vaca Muerta, donde diariamente circulan miles de trabajadores y el movimiento económico es enorme, la infraestructura institucional para proteger a las víctimas de violencia es insuficiente o lisa y llanamente inexistente.

Para los vecinos, la situación es intolerable. Para la víctima, es un círculo que se repite. Y para Añelo, una señal de alarma que exige respuestas urgentes antes de que la violencia vuelva a cobrarse otra vida.

Autor: admin